5 de junio de 2026 23:03


Editor: Armando Robles

Dos mujeres sonrientes en un evento político de Sumar
Las líderes de Sumar muestran su apoyo en un evento político.

Análisis político en España

Sánchez y sus aliados: un espectáculo político sin dignidad

La desconfianza hacia la política en España se intensifica, especialmente hacia el sanchismo, que, según Manuel Marhuenda, vive un desmoronamiento inevitable. Critica la falta de preparación económica del líder y sus seguidores, describiéndolos como meras marionetas. Resalta la ambición desmedida de Sánchez, que se sostiene mediante una estrategia de alianzas cuestionables y una gestión pública irresponsable.

Manuel Marhuenda: Es comprensible que muchos españoles sean escépticos respecto a la política. El fenómeno del sanchismo ha tenido un impacto negativo, como no se había visto desde la Transición. Su descomposición parece alinearse con el recorrido de su líder y las tácticas que empleó para llegar al poder. A lo largo de su vida, ha estado enfocado en su ambición de ser presidente del Gobierno, y ha contado con el apoyo de muchos, quienes a su vez han sido recompensados, incluso aquellos que le traicionaron. Sorprendentemente, aquellos que solían llamarle «Pedrito el guapo» ahora dependen de su generosidad para llegar a fin de mes, una generosidad que todos financiamos. Algunos, por su parte, se han beneficiado actuando como lobistas, a menudo sin la formación adecuada. Lo que realmente necesitaban era someterse al líder y tener una red de contactos influyentes. Resulta fascinante cómo ha logrado el poder y, sobre todo, cómo lo ha mantenido, centrándose únicamente en su permanencia.

La historia nos enseña que aquellos que ocupan un cargo, y muchos creen que su tiempo será breve, a menudo descubren que esa expectativa no se cumple. Sin embargo, la maldición de la política, si se puede llamar así, se ha cumplido. Desde la muerte del dictador, todos los presidentes del Gobierno han enfrentado un final desafortunado en su carrera política. La mayoría ha sido derrotada en las elecciones, y los que no lo han sido es porque optaron por no presentarse. En cualquier caso, nunca lograron una sucesión ordenada. El atentado del 11-M significó un obstáculo para Rajoy, y las tácticas usadas contra el Gobierno de Aznar, junto con la feroz campaña de la izquierda mediática, alteraron el rumbo de la Historia de España. No estoy seguro de si Rajoy hubiera obtenido la mayoría absoluta, pero, de haberlo hecho, habría gobernado. Zapatero llegó al poder, pero su gestión desastrosa de la crisis económica le impidió conseguir una reelección, y su sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, sufrió una derrota aplastante.

Los desafíos del liderazgo

Es necesario reconocer que la elección de un equipo económico es crucial, y esto también aplica a Sánchez, quien no ha logrado acertar en esa tarea. Aprobar una oposición no garantiza ser un buen economista. El optimismo del Gobierno actual se basa en un endeudamiento poco razonable y en un gasto público irresponsable. No criticaré que Sánchez no tenga conocimientos económicos, ya que no es un requisito para su cargo, pero sí debería haberse rodeado de personas que realmente comprendieran la economía. Cuerpo podría ser un buen director general o incluso secretario de Estado de Comercio, pero el ministerio le queda demasiado grande. En cuanto a Hacienda, es un error nombrar a la histriónica María Jesús Montero y a su sucesor, Arcadi España, que resulta ser completamente irrelevante.

Lo más destacable de Sánchez no es su gabinete, repleto de personajes que pronto serán olvidados, salvo algunas excepciones, sino su habilidad para comprar a sus aliados. Es un político astuto en el sentido clásico, caracterizado por su falta de escrúpulos, determinación y capacidad de maniobra. Me resulta cómico leer a los líderes de estas formaciones pretendiendo marcar distancias, cuando, irónicamente, parecen una colección de perritos falderos del inquilino de La Moncloa. El patetismo de Yolanda Díaz y los demás miembros de Sumar y sus confluencias es inigualable. Esa falta de dignidad es, sin duda, un mérito para sobrevivir en el ámbito político. Por un lado, están los seguidores del PSOE, liderados por Óscar Puente, un pretencioso leguleyo de provincias que se siente satisfecho actuando como el dóberman del sanchismo.

El teatro político actual

Nuestro pintoresco ministro de Desinformación y Propaganda Cutre es invaluable, y apoyo su permanencia. A pesar de la simplicidad de sus argumentos y su falta de lucidez como polemista, le sirve bien a su jefe y actúa como un buen lacayo. Entiendo su postura, pues no desea pasar el resto de su vida como abogado compartiendo gastos en un pequeño despacho en Valladolid. Sánchez controla a sus marionetas con gran habilidad, logrando eliminar cualquier voz disidente dentro de su partido.

Con sus perritos falderos, tiene todo bajo control, a excepción de Junts. Lo demás es un mero teatro de mala calidad. Los miembros de Sumar están en nómina, y tras su fracaso en Andalucía, están tan perdidos que le piden a Yolanda Díaz que los guíe hacia otro desastre. Tiene a Unai Sordo y Comisiones Obreras para que la apoyen, sus fieles seguidores que no olvidan sus orígenes como abogada sindicalista. Por ello, no se debe tomar en serio ninguna declaración de los líderes de Sumar o de los sindicatos. Lo mismo se aplica al PNV, que permite que se luzca por motivos propagandísticos, o a ERC. Recuerdo una frase que Suárez le dijo a Íñigo Cavero sobre el líder de los democristianos de UCD, a quien manejaba como a osos amaestrados que caminaban sobre dos patas a ritmo de panderetas.

En contraste, Bildu y su líder, el despreciable Otegi, son de una fidelidad que eclipsa a los demás. En resumen, Sánchez se ha rodeado de una colección de perros falderos políticos que parecen cortesanos del Antiguo Régimen. Uno de ellos mencionó que solo lo dejarían caer si existía una sentencia firme que condenara al PSOE. Su única preocupación es continuar con el saqueo masivo de España, alineándose así con los sanchistas, y respaldando a un presidente que se vuelve cada vez más débil.

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