Las cloacas y los fontaneros del PSOE estaban en acción, buscando proteger al gobierno de Sánchez y al partido de las acusaciones de corrupción y de las investigaciones judiciales que lo acechan. La jueza encargada del caso del hermano de Pedro Sánchez, Beatriz Biedma, y sus hijas, habrían sido objeto de vigilancia por parte de esta trama.
El objetivo era claro: obtener información comprometedora sobre ella. Realizaron seguimientos, incluso en el colegio de sus hijas, e interrogaron a su círculo cercano con el fin de desacreditarla.
Intentos de desprestigio
A pesar de sus esfuerzos, no lograron encontrar nada que pudiera manchar la imagen de la magistrada, quien cuenta con una trayectoria intachable. Entonces, la trama decidió recurrir a Luis José Sáenz de Tejada, un ex juez que fue condenado por amenazas a su expareja, quien había sido objeto de la instrucción que lo apartó de la judicatura.
Intentaron involucrarse en la causa de David Sánchez para obstruir la instrucción desde dentro, pero la Audiencia no lo permitió.
Maniobras desesperadas
La red entonces contactó a Joaquín Parra, quien había sido condenado a siete años de prisión por estafa, intentando sobornarlo con beneficios fiscales. A cambio, debía utilizar sus contactos para obtener información sobre la jueza.
En una entrevista con El País, Leire Díez se esfuerza por distanciarse del PSOE. “Soy una bocazas. Sueltas esas cosas porque necesitas generar confianza en la persona que está enfrente”, dice en su defensa.
Repercusiones políticas
Sin embargo, tras la filtración de los audios, el expresidente del Badajoz declaró en varias entrevistas que aún posee horas de grabaciones que demostrarían que Leire tenía acceso al poder, recibiendo llamadas de Cerdán, y que toda esta información se canalizaba hacia el PSOE.
En este contexto, el PP exige la comparecencia de Marlaska y la directora de la Guardia Civil para aclarar la implicación del PSOE en esta trama.







