El director general de la Policía Nacional, Francisco Pardo, notificó este jueves al comisario especial del Senado, Julián Leandro Puente Martín, su destitución fulminante de la institución por «pérdida de confianza» La destitución se hizo efectiva con efectos inmediatos este viernes 12 de junio. El motivo alegado en el documento ha sido «la forma de ejercer la responsabilidad del mando y liderazgo por el actual titular», recogida en un informe psicosocial realizado a instancias de la Subdirección General de Recursos Humanos, dirigida por la comisaria Gemma Barroso, después de las quejas de algunos subordinados por la situación de «acoso, estrés y malestar generalizado» que motivaron sendas denuncias de los sindicatos policiales SUP y UFP.
Sin embargo, lo que se evidencia en los documentos oficiales del expediente, y que explica el entorno del afectado a este periódico, es que se trata de un «cese político» basado en un «informe prefabricado» que ha servido como coartada para destituir al comisario jefe del Senado, a quien «se le han vulnerado sus garantías de defensa porque no ha sido llamado a declarar en ningún momento» por parte de la Dirección General de la Policía, ni por los sindicatos policiales, en el marco de la investigación interna que se abrió a raíz de la denuncia de los sindicatos policiales.
Desde que se presentó el 1 de octubre de 2025, la denuncia «durmió en un cajón» hasta el 11 de marzo de 2026, cuando la unidad de prevención de riesgos laborales de la Policía remitió un oficio a la Subdirección de Recursos Humanos. El contexto entre estos dos hechos no es casual. Tras cinco meses de inacción, se reactivó la denuncia apenas una semana después del incidente en la cámara alta tras la participación de Sarah Santaolalla en un acto organizado por los socialistas. A su salida, la tertuliana televisiva fue abordada por el reportero Vito Quiles en la Plaza de la Marina, la entrada principal del Senado.
Según se recogió en las cámaras de seguridad del Senado, el reportero fue zarandeado por un grupo de personas cuando este se aproximó a preguntarle a la colaboradora de TVE. Entre esas personas se encontraban algunos senadores socialistas como Rocío Briones, que iniciaron una campaña de presión contra Vito Quiles en redes sociales. Santaolalla denunció posteriormente lo ocurrido, asegurando haber sido víctima de acoso y agresión, después de que el PSOE asumió su versión de los hechos, pese a no tener soporte documental en las grabaciones que se aportaron posteriormente a la Brigada Provincial de Información de Madrid de la Jefatura Superior de Policía. El portavoz del Senado, Juan Espadas, declaró al «señor Quiles» ese mismo 3 de marzo «persona [non] grata [ahí]» y anunció que «[irían] con toda la ley para que este señor asuma su responsabilidad».
‘Caso Santaolalla’
El cese del comisario del Senado a raíz de la controversia relacionada con el denominado ‘caso Santaolalla’ y el periodista Vito Quiles merece una reflexión serena sobre el papel que deben desempeñar los mandos policiales en una democracia. Más allá de las circunstancias concretas del episodio, la decisión transmite, desde una perspectiva crítica, un mensaje preocupante: que quienes ocupan responsabilidades policiales pueden verse condicionados por criterios políticos en el ejercicio de sus funciones.
Si esa percepción llega a consolidarse, el daño institucional sería considerable. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad deben actuar con arreglo a la legalidad, la proporcionalidad y el criterio profesional, no bajo la expectativa de satisfacer intereses partidistas o de evitar decisiones que puedan resultar incómodas para el poder político de turno.
Resulta especialmente llamativo que una controversia puntual desemboque en una medida de tanta trascendencia, generando la impresión de que la prioridad no es evaluar objetivamente la actuación de los responsables, sino ofrecer una respuesta política inmediata. Desde esta óptica, el cese constituye un ejemplo de sectarismo institucional que dificulta la necesaria independencia con la que deben actuar los mandos policiales.
Quienes han trabajado con el comisario destacan, además, una faceta que rara vez ocupa titulares: su calidad humana. Durante su etapa en el Senado ha mantenido una relación cercana y respetuosa con los trabajadores de la Cámara, caracterizada por la disponibilidad, el trato cordial y la búsqueda constante de soluciones dialogadas a los problemas cotidianos.
Ese reconocimiento personal y profesional por parte de muchos compañeros debería formar parte de cualquier valoración equilibrada sobre su trayectoria. Las instituciones necesitan servidores públicos que ejerzan sus responsabilidades con sentido del deber y respeto hacia quienes forman parte de ellas, y esa ha sido, según quienes lo conocen, una de sus principales virtudes.
La fortaleza de un Estado de derecho depende también de que sus servidores públicos puedan desarrollar su labor con independencia y seguridad jurídica. Cuando una decisión disciplinaria o un cese es percibido como una respuesta a presiones o intereses políticos, la confianza ciudadana en la neutralidad de las instituciones se resiente. Por ello, este episodio debería abrir un debate sobre la conveniencia de preservar la autonomía profesional de los mandos policiales y evitar que las decisiones sobre su continuidad se interpreten como instrumentos de confrontación política.







