22 de junio de 2026 12:16


Editor: Armando Robles

El Grupo Municipal del PP en Casarrubios necesita liderazgo, no tutelas

VR.- En política hay momentos en los que el principal problema pasa a estar dentro de casa, no enfrente. Eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo en el Grupo Municipal del PP en Casarrubios.

Por un lado, el Gobierno municipal socialista continúa desarrollando su agenda, más clientelar que gestora; por el otro, la oposición popular transmite una imagen cada vez más preocupante de indecisión, dependencia y falta de liderazgo. No porque falten ideas o motivos para ejercer una oposición firme, sino porque da la sensación de que cualquier movimiento debe superar antes un complejo entramado de autorizaciones internas que acaba paralizando cualquier iniciativa mínimamente ambiciosa. Esas autorizaciones internas pasan todas ellas por el concejal popular y ex de Ciudadanos (sic), Fernando Cedenilla.

El resultado es el que es: una oposición previsible, acomodada y extraordinariamente tibia en sus planteamientos. Una oposición del PP más preocupada por evitar críticas que por liderar debates. En definitiva, una oposición sin casta y sin alma, cercenadas ambas por Cedenilla. De la otra oposición, la de los dos concejales de Vox, incita más a la risa que a tomarla en serio.

A partir de ahí surge una pregunta inevitable: ¿quién dirige realmente la estrategia municipal del PP de Casarrubios?

Si la portavoz municipal, Rocío Pérez, es la máxima referencia institucional del partido, debería actuar como tal y empezar a tomar decisiones, asumir riesgos políticos, fijar posiciones y defenderlas. Para eso se ocupa un cargo de responsabilidad y también para eso se pide la confianza de los afiliados y de los votantes.

Sin embargo, la percepción que se extiende dentro y fuera del partido es muy distinta. La sensación es la de una portavoz sin personalidad, permanentemente condicionada, vigilada o limitada por dinámicas internas que proyectan una imagen de debilidad incompatible con cualquier liderazgo sólido. Y conviene decirlo claramente: nadie llega a la política para convertirse en portavoz de sí mismo y espectador de los demás.

El argumento de que determinadas iniciativas no se impulsan para evitar ataques del PSOE resulta difícil de tomar en serio. Es una excusa de perdedores que revela una preocupante incomprensión de cómo funciona la política. El PSOE criticará a Rocío Pérez haga lo que haga y diga lo que diga. La criticará si no propone nada. La criticará si acierta y la criticará si se equivoca. Pretender construir una estrategia sobre el miedo a las críticas supone renunciar de antemano a hacer política.

La oposición existe precisamente para confrontar ideas, emprender batallas ideológicas, fiscalizar gobiernos y ofrecer alternativas, no para administrar silencios. Lamentablemente, no se percibe más alternativa municipal del PP que la elaboración de lugares comunes incapaces de desgastar al alcalde.

Tampoco ayuda que Fernando Cedenilla, el amo y mentor del grupo municipal, acumule una influencia política que muchos consideran desproporcionada respecto a la legitimidad que aparentemente la respalda. Cuando una persona acaba siendo percibida como el auténtico centro de decisión, resulta inevitable preguntarse quién le ha otorgado ese papel, cuáles son sus méritos para ejercerlo y qué mecanismos democráticos avalan semejante capacidad de influencia.

Son preguntas incómodas, sí, pero absolutamente necesarias. Más aún cuando el protagonista de esta situación procede de Ciudadanos, una formación progre cuyo hundimiento político tuvo mucho que ver con errores estratégicos, personalismos y una creciente desconexión respecto a la realidad electoral. Nadie puede cargar en solitario con aquel fracaso, pero tampoco puede ignorarse que ciertas formas de entender la política ya demostraron entonces sus limitaciones.

Lo verdaderamente grave es que el PP de Casarrubios parece avanzar hacia una dinámica similar: exceso de control interno, falta de iniciativa, nula presencia en algunos núcleos del municipio, liderazgo difuso y una preocupante incapacidad para conectar con quienes esperan una oposición firme y reconocible. La situación exige decisiones por parte de la dirección local, cuya autoridad está siendo cuarteada por el inútil grupo municipal.

Rocío Pérez debe demostrar que está dispuesta a ejercer plenamente el liderazgo que corresponde a su cargo o asumir que no puede hacerlo porque la política le queda grande. En ese caso tendrá que irse. Lo que resulta insostenible es permanecer indefinidamente en una posición donde la autoridad formal y la autoridad real parecen caminar por caminos diferentes.

Así mismo, el partido debe decidir si quiere construir una alternativa de gobierno o resignarse a ser una organización atrapada en la indefinición ideológica, la falta de autoridad interna de la portavoz municipal, los cálculos erróneos y los vetos permanentes. Los vecinos no votan tutelas ni estructuras paralizadas por el miedo al conflicto. Votan liderazgo y capacidad gestora.

Si el PP de Casarrubios no es capaz de ofrecerlo, corre el riesgo de descubrir demasiado tarde que los votantes siempre terminan castigando la falta de rumbo. La historia de otros proyectos políticos debería servir de advertencia. Ignorarla sería un error tan grave como previsible. Rocío Pérez se debe a su partido, no a la persona que ejerce su tutela política sobre ella, queremos pensar que solo por motivaciones políticas. La lealtad es una virtud cuando se dirige a las ideas y a los compromisos adquiridos ante los ciudadanos; cuando se convierte en sumisión a una figura concreta, deja de ser lealtad para convertirse en dependencia y traición a los votantes. Estos esperan una representante con criterio propio, capaz de defender aquello para lo que fue elegida, no una mera transmisora de las decisiones de quien parece dictar cada uno de sus pasos. Ha llegado el momento de demostrar que su compromiso está con quienes la eligieron y no con quien la mantiene políticamente bajo su sombra. Y si su vocación es más la de testaferra política de Fernando Cedenilla que la de la líder que necesita la derecha de Casarrubios, entonces que se vaya ya antes de que los votantes la echen.

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