Han transcurrido dieciséis años desde aquella inolvidable jornada del 11 de julio de 2010, cuando en Johannesburgo se jugó la final del Mundial de Sudáfrica, Y en la cual, en el minuto 116 del partido contra Holanda (hoy los Países Bajos), Andrés Iniesta se convirtió en el héroe de aquel campeonato. Al ser el autor del gol que decidió por 1-0 el partido que proclamó a España campeona del Mundo con el derecho a llevar bordada en la camiseta la estrella que la acredita como tal. En la que, a partir de ahora, el equipo de nuestra selección nacional tendrá derecho a portar una segunda estrella, que lucirá con la brillantez acreditada y el legítimo orgullo al tratarse de un merecido reconocimiento a su calidad como equipo futbolístico.
Ahora, la alegría por el triunfo del mundial se desborda por las calles de las ciudades y pueblos de todo el país, que tendrá su máxima expresión cuando los jugadores regresen a España, en olor de multitud. Los que tuvimos la ocasión de vivir aquella experiencia de 2010 a través de los medios y en especial por TV no la olvidamos, al igual que no olvidaremos nunca la experiencia vivida en este Mundial. Que también ha sido pródiga en jornadas inolvidables como la disputada el pasado martes 14 de julio en Dallas, impidiendo a Francia que pudiera celebrar gozosa su Fiesta Nacional.
Estos ilusionantes días, anoche llegaron a su culminación y tendrán su clímax también inolvidable, en la recepción popular que se les dará a los jugadores con su equipo técnico, encabezado por el magnífico seleccionador en Madrid, al regresar de EE UU a España. Si en 2010 Carles Puyol, Gerard Piqué y Andrés Iniesta, entre otros, marcaron aquella experiencia, hoy son Olmo, Cubarsí, Oyarzabal, Cucurella, Unai Simón, Rodri, Porro, Merino, etc., sin olvidar a Lamine Yamal, quienes la encarnan. Todos integrantes de un plantel de magníficos jugadores seleccionados por Luis de la Fuente, con los que ha conseguido hacer un extraordinario equipo desde su incorporación a esa responsabilidad, el 8 de diciembre de 2022. Hace unos días, comentábamos con ocasión de la multitudinaria reacción popular desbordante de alegría al vencer a Francia en la semifinal, que aquella explosión de júbilo era una prueba de que la identidad histórica y nacional de España seguía viva. Al igual que – salvando las obvias diferencias entre ambos acontecimientos- sucedió con la visita apostólica de León XIV a España, donde nuestras profundas raíces cristianas también se manifestaron con gran vitalidad. Ello pese a la agresión al sentimiento nacional español por parte del secesionismo y de la acusada descristianización: nuestra identidad histórica, que es el alma de España.







