22 de junio de 2026 10:39


Editor: Armando Robles

España ante el desafío de recuperar el bienestar de sus familias

Manuel Recio Abad.- España se enfrenta a una silenciosa crisis del poder adquisitivo de sus hogares. Mientras el coste de la vida continúa aumentando, miles de familias comprueban cómo sus salarios y sus ingresos quedan estancados o pierden capacidad de compra.

La consecuencia es una progresiva erosión de la clase media, que tiene que realizar un mayor esfuerzo para cubrir sus necesidades básicas y hacer frente con realismo a una creciente incertidumbre sobre el futuro.

El gran riesgo es el empobrecimiento de la clase media. Una familia que hace diez o quince años podía vivir con cierta tranquilidad, pagar una hipoteca o un alquiler, comprar y mantener un coche, tener cuatro, cinco hijos o más y ahorrar algo, hoy ve cómo una parte cada vez mayor de sus ingresos se destina simplemente a cubrir necesidades básicas.

Cuando la alimentación, la energía y la vivienda absorben una parte excesiva del salario, desaparecen el ahorro, el consumo de bienes de larga duración y la capacidad de afrontar imprevistos.

El factor más preocupante es probablemente la vivienda. En muchas ciudades, los alquileres y los precios de compra han crecido mucho más que los salarios. Esto tiene consecuencias importantes: Jóvenes que retrasan su emancipación hasta los treinta, treinta y cinco años o más, descenso de la natalidad por inseguridad económica, una mayor dependencia entre generaciones y la dificultad para atraer y retener jóvenes con talento en determinadas zonas.

La vivienda se ha convertido en el principal elemento de desigualdad social entre quienes poseen una casa en propiedad, es decir, patrimonio inmobiliario y quienes no lo tienen y dependen de pagar un alquiler.

A todo esto es necesario añadir que España ya tiene un problema demográfico importante. Los jóvenes tienen serias dificultades para consolidar un proyecto de vida estable y por ello es probable que la natalidad siga cayendo a niveles aún más bajos, aumentando el peso de la población jubilada y reduciendo la población en edad de trabajar. Esto supone una indiscutible tensión en sistemas como las pensiones, la sanidad y los servicios sociales.

Los hábitos de consumo han de modificarse forzosamente. Los hogares tendrán que acudir en exclusiva a marcas blancas y tendrán que reducir o incluso anular gastos en ocio, viajes y restauración. Por si todo esto fuera poco habrá que compartir vivienda durante más tiempo, retrasar la compra de bienes fundamentales como coches utilitarios y viviendas y buscar ingresos complementarios.

Nuestra economía futura estará más basada en el ahorro y en la supervivencia financiera que en el progreso y todo ello desembocará en un posible aumento de la tensión social y política, pues cuando una sociedad percibe que trabaja más pero vive peor, aumenta la frustración y la desconfianza hacia todas las instituciones. Es previsible una mayor polarización política y una mayor exigencia de soluciones rápidas, urgentes, por parte de los ciudadanos.

¿Hay soluciones? La respuesta es sí,pero requiere profundos cambios estructurales. El futuro no está escrito. España tiene fortalezas muy importantes. Tenemos una economía suficientemente diversificada, un sector turístico muy potente, capacidad exportadora, buenas infraestructuras y una posición geográfica estratégica entre Europa, África y América. Todo ello gracias al empresariado obligado a luchar con una administracion inoperante y mal organizada, anclada en la relajada y al parecer eterna cita previa.

La receta para evitar un mayor deterioro de la clase media española está muy clara. Serían necesarias políticas y estrategias orientadas a incrementar tanto productividad como los salarios. Reducir la carga fiscal sobre el trabajo en todos los niveles de renta es de urgencia inmediata. Habría que aumentar masivamente la oferta real de vivienda asequible y también favorecer la creación de empresas y empleo de mayor valor añadido, mejorando la formación y adaptación a nuevas tecnologías de los trabajadores.

¿Cual es mi previsión para los próximos cinco años?. Pues solamente veo tres escenarios posibles

*Uno es negativo. Si la vivienda continúa siendo escasa y sigue encareciéndose y los salarios no mejoran, España puede convertirse en una población con una minoría social propietaria con patrimonio y una mayoría con serias dificultades para ahorrar, con una clase media reducida, similar a aquella de la década 1940-1960 del pasado siglo.

*Un escenario intermedio, quizá el más probable, en el que los salarios crecerán algo, pero no lo suficiente como para recuperar totalmente el poder adquisitivo perdido. Las familias seguirán reduciendo su consumo y la escasez y el alto precio de la vivienda continuará siendo el principal problema.

*Por último el escenario más positivo, con un gran impulso a la vivienda asequible, si los ayuntamientos se ponen a ello y dejan de impedirlo con sus incomprensibles trabas administrativas. Mejorar la productividad, la inversión y el empleo de calidad podrían estabilizar la situación y recuperar parte del bienestar perdido.

En definitiva, la cuestión más preocupante no es ya que España sea un país pobre, sino el riesgo de que una generación entera llegue a la conclusión de que va a vivir bastante peor que sus padres.

Creo que este es el debate más importante que España tendrá que afrontar en los próximos años.

 

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