8 de julio de 2026 21:14


Editor: Armando Robles

Patxi López, un esclavo, un admirador, un siervo

Pedro Narváez.- Patxi López y su «Yo con Begoña» hicieron pequeño esta semana en el Congreso cualquier disparate anterior de los que se pegan a los asientos del hemiciclo como chicle masticado. La historia reserva a estos pelotas desmadejados, que caen en el ridículo incluso ante sus jefes, un final aciago, como a los traidores. Los aduladores son carne de sátira desde que la memoria se adula a sí misma. Hoy tenemos el meme elevado a categoría de arte. En el 254 a.C. estaba Plauto. En la comedia «Miles Gloriosus», Artogrón lame las botas del soldado fanfarrón protagonista para asegurarse el plato de comida en la mesa pública. Entre Artogrón y Patxi hay poco más de 2.200 años. En clave más cañí, Patxi apareció tan servil como José Luis López Vázquez cuando recibe a la imponente artista en la oficina bancaria de «Atraco a las tres» con ese «Fernando Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo». Una escena que ha pasado a la historia del cine español como ejemplo hilarante de lo ridículo que puede ser un hombre. Lástima que Patxi solo sea ridículo y no gracioso, esa categoría que lo hubiera salvado del denigrante nivel felpudo en el que quedó. Fue Waylon Smithers, de «Los Simpsons», el eterno pelota del señor Burns y que un día se libera al fin y sale del armario. Tal vez Patxi haya sido una de las premoniciones de «Los Simpsons» y no nos hemos dado cuenta. Al fin y al cabo, siempre se presentó más rojo que amarillo.

Todos los anteriores son ejemplos de rastrerismo ilustrado que se conservarán como la risa enlatada. Pero la actuación de Patxi intentó ser un ejercicio de manipulación política, al estilo de Squealer, el cerdo de la orweliana «Rebelión en la granja», que tenía que convencer al resto de animales de que las mentiras del líder eran verdades inamovibles. Y así lo hizo. Solo que Squealer se quedó en Peppa Pig, que es un poco el destino del diputado López. Un hombre que llegó a lendakari y que batalló contra Sánchez los mandos del PSOE y hoy es un dibujo animado. Tal vez el hombre tras el político soporta una ruptura sentimental o un problema de insomnio, no sé, o igual se metió en tantas facturas que no le da para pagarlas a tiempo: las cuitas por las que se derrumba un señor corriente. Por buscar una explicación que no nos lleve a hurgar entre la necedad y el trilerismo. Cuando todo esto sea un sueño, Patxi López solo será los minutos musicales de una pesadilla. Ni él mismo alcanza a ser Freddy Krueger. Será él quien nos sufra en duermevela. Pobre.

 

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