10 de julio de 2026 21:47


Editor: Armando Robles

¿Por qué a esto no se le llama racismo?

VB.- Existe una tendencia cada vez más extendida en Europa que amenaza con vaciar de contenido uno de los conceptos morales más importantes de una sociedad democrática: el racismo. Cuando cualquier crítica a determinados comportamientos pasa a ser automáticamente etiquetada como racista, el término deja de servir para identificar la auténtica discriminación y se convierte en un instrumento de blindaje político.

Hace solo unas horas se han registrado graves disturbios en diversas ciudades europeas tras la derrota de la selección de Marruecos frente a Francia en el Mundial de fútbol. En ciudades de Francia, Bélgica y Países Bajos se produjeron incendios de vehículos, ataques contra agentes de policía, destrozos del mobiliario urbano, saqueos y numerosos heridos. En Francia, además, una persona falleció en circunstancias relacionadas con los disturbios. Estos hechos no están teniendo apenas cobertura por parte de las autoridades y los medios de comunicación.

Lo llamativo no es únicamente la violencia en sí, sino el contraste con Marruecos, donde no se produjo un solo incidente tras la finalización del partido.

Este contraste plantea preguntas legítimas. ¿Por qué determinados comportamientos violentos aparecen en países europeos y no en el propio país de origen? ¿Qué factores sociales, culturales, policiales o de integración pueden explicarlo? Formular estas preguntas no es racismo; es ejercer el derecho a analizar fenómenos sociales que afectan a la convivencia.

Lo mismo ocurre con la delincuencia. Las estadísticas oficiales de numerosos países europeos muestran diferencias entre colectivos en determinados tipos de delitos. Esas cifras deben interpretarse con rigor, pero negar la existencia de problemas por miedo a ser acusado de racismo tampoco contribuye a resolverlos.

Un ejemplo: si se ataca a un senegalés y se le abre una brecha en la frente es un delito de lesiones, exactamente igual que si alguien les ataca a ustedes y les abre la cabeza, aunque sean de Cuenca. Pero en estos momentos, una riña con un senegalés es “xenofobia” y con uno de Cuenca es una riña. Supuestos idénticos, pero distinto tratamiento jurídico.

Ponemos otro ejemplo: se arma una trifulca y a resultas de la misma tenemos a un marroquí con un brazo roto. De inmediato se clama y se acusa de “odio” y xenofobia al agresor si es español. Pero si ese mismo marroquí arrastra y le parte el brazo a una abuela para robarle el bolso, en este caso no se hablará de “odio” ni nadie se aventuraría a decir que el marroquí “odia” a los españoles y que por eso agredió y robó a la anciana. Nada. Se trataría de un delito de robo con violencia y resultado de lesiones más o menos graves, pero “odio” no hay. ¿Y por qué no va a haber “odio” cuando una persona asalta a otra, sea de Alcorcón o de Nueva Guinea Papua?

El verdadero antirracismo consiste en aplicar exactamente el mismo criterio a todos. Si una conducta violenta merece condena cuando la protagoniza un europeo, también debe merecerla cuando la protagoniza un inmigrante. Si una agresión contra un ciudadano por su origen constituye un delito de odio, el principio debe ser idéntico con independencia de quién sea la víctima o quién sea el agresor.

La igualdad ante la ley exige una igualdad también en el juicio moral. Cuando determinadas conductas quedan parcialmente inmunizadas frente a la crítica porque cualquier cuestionamiento se interpreta como una muestra de xenofobia, se genera un doble rasero que perjudica tanto a la convivencia como a la credibilidad de la lucha contra el racismo.

Combatir el racismo auténtico exige distinguir con precisión entre personas y comportamientos. Las responsabilidades siempre son individuales, pero los fenómenos sociales pueden y deben analizarse sin tabúes, con datos, con rigor y sin convertir automáticamente cualquier debate incómodo en un juicio moral contra quien lo plantea.

La fortaleza de una nación no reside en silenciar las preguntas difíciles, sino en responderlas con hechos, con estadísticas fiables y con el mismo estándar de exigencia para todos los ciudadanos.

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