Francisco Marhuenda.- No hay que fiarse mucho de lo que digan los políticos, pero en el caso de Sánchez en ningún caso hay que cometer ese error porque forma parte de su naturaleza. Es capaz de decir una cosa y la contraria sin ruborizarse. Su trayectoria política está jalonada de mentiras. Hay que aclarar que en este caso no es ningún ofensa o ataque, sino la mera descripción de una realidad tan objetiva como inapelable. No es necesario acudir a lo que decía y luego hizo con la amnistía. Estaba y estoy convencido de que su radicalismo en contra de Trump es tanto para el consumo interno como para posicionarse dentro del Grupo de Puebla y justificar su liderazgo de la fantasmal Internacional Socialista. Por ello, cuando dice que su objetivo es pararle los pies no hay que darle ninguna importancia, porque al final hace lo que quiere el presidente de Estados Unidos. Con la prepotencia que le caracteriza, anunció que perdona a España y ensalza su compromiso con la OTAN. Hemos pasado de que era una «causa perdida» y un «aliado terrible» a que «se ha redimido por completo».
Por tanto, como era previsible, ha bajado la cabeza ante Trump y España aumentará el gasto en defensa todo lo que sea necesario hasta cumplir con lo que le han exigido. Por si hubiera alguna duda, se ha explayado asegurando que hemos sido muy generosos y que si no hubiéramos cumplido ni siquiera hubiera hablado con España. Se trata de dos populistas de manual. Como era previsible la armada mediática del régimen ha intentado matizar las palabras asegurando que Sánchez no ha adquirido nuevos compromisos. Con su trayectoria reconozco que me creo más al estadounidense que no tiene filtros mientras el otro esta inmerso en una permanente campaña electoral. En cualquier caso, seguimos sin Presupuestos y gastando como si no hubiera un mañana. El nivel de endeudamiento es brutal como consecuencia de la incompetencia del equipo económico del Gobierno y con un despilfarro como nunca se había producido en nuestra Historia. Por tanto, al sumiso Sánchez no le importa asumir nuevos compromisos de gasto en defensa y complacer a quien decía que quería combatir. Como era previsible, sus socios comunistas y antisistema seguirán siendo dóciles ante el inquilino de La Moncloa.







