11 de julio de 2026 13:31


Editor: Armando Robles

Con Unai Simón, España nunca será campeona del mundo

BC.- España puede tener el mejor centro del campo. Puede dominar los partidos, encerrar al rival, acumular talento y jugar durante largos tramos como la mejor selección del planeta. Pero para ser campeona del mundo necesita algo más: la certeza de que, cuando todo se tuerza, el hombre que está bajo los palos no será una fuente adicional de incertidumbre. Esa certeza, con Unai Simón, no existe.

No se trata de negar sus virtudes. Las tiene. Es valiente con el balón, participa en la salida desde atrás y encaja en la idea de una selección que quiere mandar desde la posesión. Incluso sus registros recientes de imbatibilidad son extraordinarios. Pero un gran portero de selección no se mide únicamente por las porterías a cero acumuladas cuando el equipo domina y apenas concede ocasiones. Se mide, sobre todo, por lo que sucede cuando llega la tormenta. Ahí nace la duda.

Cuando el rival aprieta, cuando España pierde el control y el partido entra en esos diez minutos de caos que deciden un Mundial, Unai Simón transmite demasiadas veces la sensación de que el error puede aparecer. Una salida precipitada, una decisión discutible, un balón con los pies que se complica innecesariamente. Quizá no siempre termina en gol. Quizá las estadísticas incluso lo absuelvan. Pero la inseguridad está ahí. No es preciso decir que, en un Mundial, la inseguridad del portero se paga carísima.

Los campeones suelen tener detrás a un guardameta que gana partidos que su equipo merecía perder. Un portero que, cuando el rival dispone de su gran ocasión, aparece, que intimida, que convierte una situación de gol en una parada imposible, que ofrece al resto del equipo una convicción casi irracional: “Si nos superan, todavía queda él”.

¿Produce Unai Simón esa sensación? Para muchos, no.

España tiene hoy suficiente talento para aspirar a todo. Precisamente por eso debería exigirse excelencia absoluta en cada posición decisiva. La portería no puede adjudicarse por jerarquías heredadas, fidelidades o automatismos. Si existen alternativas capaces de ofrecer mayor seguridad, el debate debe existir, porque un Mundial no suele perderse por veinte errores. Se pierde por uno. Por ejemplo, por una mala salida, un pase comprometido, una duda en un centro lateral, un instante de desconexión en el peor momento posible.

Unai Simón puede acumular grandes estadísticas y completar excelentes partidos. Puede incluso demostrar que todos sus críticos estaban equivocados, pero mientras siga existiendo la sensación de que, bajo máxima presión, el error grave está demasiado cerca, España tendrá una grieta precisamente en el lugar donde un campeón necesita una muralla.

Y por esa grieta puede escaparse un Mundial.

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