12 de julio de 2026 22:47


Editor: Armando Robles

Trump, en primer plano, y Sánchez, al fondo, en la cumbre de la OTAN de La Haya de 2025

Lo que hay detrás del cambio de opinión de Trump sobre España

Fernando Rayón.- Miércoles por la mañana. Ankara, capital de Turquía. Cumbre de la Alianza Atlántica. Donald Trump, presidente de Estados Unidos: «España es un caso perdido. Ya no queremos hacer ningún negocio comercial con España. Por cierto, me gustaría que lo redactaras (y le hace una indicación a Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense). España es un aliado terrible en la OTAN. No participa, no paga. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas. No queremos tener nada que ver con ellos. Háganlo de inmediato. Ni siquiera hablen con ellos. No tienen remedio. Son mala gente. Porque, como saben, todos los demás están pagando y trabajando, y España, especialmente España… Hay un par de países más, pero especialmente España. Lo dicen abiertamente, son hostiles. Y veremos si siguen siendo tan hostiles cuando llamen diciendo: ‘Por favor, por favor, queremos comerciar con ustedes, señor. Queremos comerciar con ustedes, señor’. Ganan muchísimo dinero con nosotros, y vamos a hacer que ganen mucho menos. No quiero hacer ningún negocio con ellos».

La amenaza no se quedó solo en eso. Un mail que se envió a medios de comunicación españoles y extranjeros decía: «El Departamento del Tesoro trabajará con el representante comercial de Estados Unidos y el Departamento de Comercio para proporcionar a Trump una lista de productos españoles que podrían ser embargados en los próximos días». Algo muy difícil de llevarse a cabo pues cualquier medida comercial debería tener en cuenta que es la Comisión Europea la que tiene las competencias de negociación comercial en la Unión Europea.

Miércoles horas después. Pedro Sánchez se entrevista con Trump y califica la conversación de «cordial», y cuenta que hablaron «sobre el mundial de fútbol y golf». Alucinante.

Miércoles por la tarde. Trump, en el Air Force One durante el vuelo de regreso a Washington desde Ankara. A preguntas de los periodistas, el presidente de Estados Unidos elogia la actitud de España en la cumbre: «Diré que tuve problemas con España, y sigo teniéndolos, pero hoy España se redimió por completo. España fue muy generosa hoy… Respondió a una petición para realizar un pago muy importante y, si no lo hubiera hecho, ni siquiera estaríamos hablando con ellos (…) Se habían comportado muy mal en mi opinión, pero hoy hubo una gran unidad en la reunión, tremenda unidad. Muy bastante agradable».

¿Qué había pasado en apenas unas horas? Pues que España –siempre según Trump– accedió a una «importante solicitud de pago a la OTAN y, si no lo hubieran hecho, ni siquiera les habríamos hablado»

Al margen de otras historias, ¿Qué había pasado en apenas unas horas? Pues que España –siempre según Trump– accedió a una «importante solicitud de pago a la OTAN y, si no lo hubieran hecho, ni siquiera les habríamos hablado».

Una «importante solicitud de pago» en el marco de la OTAN, sin ofrecer más detalles sobre el acuerdo. Parecía que el desacuerdo entre Washington y Madrid giraba en torno al compromiso español de destinar el 5 % del PIB a defensa. Pero «el pago» no se refería ya a eso. Lo confirmaba al día siguiente la propia Ministra de Defensa, Margarita Robles: «España sólo invertiría en defensa el 2%».

Se empezó a especular, pero la noticia ya estaba, aunque parcialmente, en algunos medios. Decían que España se había comprometido a inversiones millonarias en satélites y aviones. Tampoco Margarita Robles lo negó: «No, bueno vamos a ver, en defensa no se trabaja así, en defensa hay una planificación, hay unos programas, una planificación que se hace a muchos años vista». Por supuesto Albares, ministro de Asuntos Exteriores, ni reconoció las palabras de Trump: «No sé exactamente a que se refiere, sólo él puede explicarlo». Hubiera sido una sorpresa que lo supiera él, pero vamos con ello.

El martes en Ankara, en el Foro de Industria de Defensa España anunció acuerdos comerciales por 43.000 millones en «producción de material de defensa, inteligencia satélite, interceptores y munición». Y además de estos acuerdos, se sumó a varias iniciativas más: Alianza de Vigilancia Persistente desde el Espacio (APSS); Proyecto de Cooperación Industrial de Defensa Trasatlántica; al proyecto Airbus A400M… Hasta el propio Sánchez reconoció que España se había sumado a varias «adquisiciones conjuntas». Y el consejero delegado de Indra, Josep Maria Recasens, presente en Ankara, habló no solo «multiplicar entre seis y diez nuestra capacidad de producción» sino participar en las inversiones en defensa impulsadas por la OTAN.

Y aquí llegamos a la madre del cordero. El calentón de Trump tenía sus razones. Sabía de los acuerdos comerciales de Sánchez con China, muy en la línea de los de Zapatero. De hecho el Presidente del Gobierno había decidido restringir el uso de Palantir en el sector público por motivos de seguridad. Nada que ver con la permisividad del Gobierno hacia otras tecnológicas, especialmente chinas.

Palantir es una multinacional estadounidense especializada en inteligencia artificial y análisis de datos, que trabaja con el Gobierno de Estados Unidos y otras corporaciones internacionales. Su tecnología generó recelos en España por el potencial acceso a datos estratégicos. Pero hete aquí que en la cumbre de la OTAN de Ankara se confirmó que el Maven Smart System (MSS) de Palantir pasaba a ser el sistema operativo de la Alianza. El Maven Smart System como recuerda Mauricio Fernández, es una plataforma que permite tomar decisiones militares –desde la logística de retaguardia hasta los movimientos en el frente de batalla– reduciendo de forma exponencial los tiempos de decisión. Un sistema similar al que ya utiliza el Ejército de Estados Unidos y que lleva cuatro años siendo utilizado en la guerra de Ucrania

La apuesta por Palantir –también por parte de España– marginando la opción de Huawei aun presente en nuestro país en infraestructuras clave, como las redes de telecomunicaciones, sería una de las bazas que han permitido el cambio de humor o de palabrería de Trump. Nuestro señor de la guerra doméstico llamado Sánchez no tenía otro remedio que aceptar la opción OTAN. Vetar a Palantir mientras se mantiene la puerta abierta a Huawei no solo hubiera generado incertidumbre entre nuestros aliados, sino que ofrece una imagen de inconsistencia en la gestión de un ámbito tan crítico como es el de la seguridad y la defensa. Además, Sánchez no sabe tanto de tecnologías ni de software. De eso la experta es Begoña Gómez. Quizá por eso quería viajar a la cumbre de la OTAN.

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