15 de julio de 2026 01:56


Editor: Armando Robles

Menos mal que nos queda Luzón

Se van a colapsar («acolapsar» decía Lopera) los pasillos de los juzgados de España con la cantidad de imputados/investigados que derrama el Gobierno y sus satélites administrativos. A los tres últimos presidentes de la SEPI se sumaron ayer la directora general de la Guardia Civil y su mano derecha vestida de uniforme, el llamado DAO, los cuales comparecerán ante el juez Pedraz por estar involucrados en el caso Cloacas. Vale, sí, de acuerdo, presuntamente involucrados, pero todos sabemos, y así lo sospecha la Fiscalía Anticorrupción, que sus procederes han sido muy sospechosos en este caso: ¿de qué va a recibir una directora general a una chufla como Leire Díez si no es porque recibe instrucciones al respecto y porque sabe lo que se llevaba entre manos toda esa zahúrda de corrupción amparada por toda la cúpula del PSOE, incluido P. S. por mucho que diga?

Recibir a Leire debería haberse concebido en su momento como una actitud de riesgo: el número dos de ese cúmulo de golfos que es la Fiscalía General también tendrá que explicarle al juez cómo es posible que la recibiera, además de explicitar el contenido de la conversación. Será entretenido observar las contorsiones del relato de todos los amabilísimos y dispuestísimos recibidores de una incalificable individua a la que, al parecer, no conocía nadie.

El último que ha dicho que no la conocía ha sido Marlaska y ha mentido, como es habitual: en una visita a Correos se reunió con ella y con el resto de sujetos que han arruinado esa institución (donde, por cierto, a una joven empresaria le robaron un paquete enviado con contenido valioso y todavía no le han pedido ni siquiera disculpas; y que no se sulfuren que tengo los datos y si quieren los doy). Como íbamos diciendo, que de subordinada en subordinada me voy de rama en rama: la Fiscalía Anticorrupción, o sea, el fiscal Luzón es la última esperanza de los justos, el último asidero al que sujetarse ante la concentración de indeseables en instituciones como la Fiscalía General del Estado. Si no existiesen los Luzones, toda esta cuadrilla de bribones y sinvergüenzas verían con más optimismo el desenlace de sus trapacerías. Es verdad que quedan las acusaciones particulares o populares, pero el peso indudable de una fiscalía independiente resulta definitivo para, al menos, citar a toda esta pandilla en el juzgado a que den explicaciones.

La Fiscalía Anticorrupción es de las ultimas islas no invadidas por el afán acaparador de Sánchez y su gentuza. Ya ni siquiera queda la Agencia Tributaria: su máxima responsable y alguno de sus más directos colaboradores ponen pies en polvorosa ante lo que viene, pacto tributario con Cataluña y sospechosa pasividad en las investigaciones a los anillos exteriores del Sanchismo, léase Zapatero. Menos mal que nos quedan Luzón y Pedraz.

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