Manuel Recio Abad.- Hace apenas quince años, cualquier compra diaria se hacía con monedas y billetes. Hoy en cambio millones de españoles pagan el café, los calentitos, que en algunos lugares llaman churros y porras, el pan o el periódico con una tarjeta, un teléfono móvil o incluso un reloj “inteligente ”.
El dinero físico parece estar en vías de extinción como los dinosaurios, desapareciendo silenciosamente de nuestras vidas y nos quieren hacer ver que las razones son evidentes. Para el consumidor dicen que es cómodo, rápido y además evita tener que llevar dinero encima. Para los bancos supone una reducción importantísima de sus costes de gestión y a los funcionarios públicos les facilita el control fiscal, meter sus narices en nuestras vidas privadas, con la excusa absurda de dificultar la economía sumergida, la cual jamás desaparecerá del todo hagan lo que hagan. Para los comerciantes reduce los riesgos de robo y simplifica la contabilidad.
Hoy entré en una heladería y al pagar la cuenta de cinco euros con veinte céntimos, la joven dependienta me indicó amablemente que solo podía hacerlo con tarjeta de crédito. Quien nos iba a decir en 1999 que un helado llegaría a costar años después casi 1.000 pesetas y no conseguiríamos abonar la cuenta ni con aquel billete grande, verde y poderoso. El billete de 1.000 pesetas de curso legal en 1999 presentaba en el anverso el retrato de Hernán Cortés y en el reverso la imagen de Francisco Pizarro. Comentó la empleada que así lo habían decido los propietarios del negocio por ser más higiénico. Mi respuesta fue inmediata: …”y ¿quien me asegura que usted cuando va al baño se lava las manos tras hacer sus necesidades varias?”. Llegó el dueño y de mala gana cobró en efectivo devolviéndome el cambio en más monedas que da una máquina tragaperras cuando consigues un jackpot.
Esta transformación que nos quieren imponer, plantea una cuestión de fondo: ¿debe desaparecer el efectivo?. El dinero en metálico ofrece algo que ningún sistema digital puede garantizar completamente: libertad, anonimato e independencia tecnológica. Un billete de veinte euros no necesita batería, cobertura móvil, conexión a internet ni autorización de ninguna entidad financiera para ser utilizado.
Precisamente por ello, la legislación española protege el derecho de los consumidores a pagar en efectivo dentro de los límites establecidos por la normativa fiscal. Negarse a aceptar dinero en metálico puede constituir una infracción en materia de consumo.
Muchos ciudadanos desconocen que un comercio no puede imponer de forma generalizada el pago exclusivo con tarjeta, Bizum u otros sistemas electrónicos. El efectivo sigue siendo un medio de pago de curso legal y debe ser admitido obligatoriamente en las operaciones ordinarias.
Existen, eso sí, algunas excepciones. La principal es la limitación legal de los pagos en efectivo cuando una de las partes actúa como empresario o profesional. En esos casos no pueden abonarse en metálico operaciones iguales o superiores a 1.000 euros. También puede rechazarse un pago cuando el cliente pretende utilizar más de cincuenta monedas en una sola operación.
La cuestión de fondo es si la sociedad está avanzando hacia un modelo en el que toda actividad económica quede registrada, controlada y supervisada electrónicamente. Quienes defienden la desaparición del efectivo argumentan que ayuda a combatir el fraude fiscal y la delincuencia.
Quienes no se oponen consideran que supone una pérdida absoluta de privacidad y una dependencia excesiva de bancos, plataformas tecnológicas y sistemas informáticos.
El debate, por tanto, no es únicamente económico. También afecta a derechos fundamentales libertades insoslayables y al modelo de sociedad que queremos construir en el futuro.
¿Qué puede hacer un consumidor si un comercio no acepta efectivo?. Si un establecimiento le exige para abonar exclusivamente tarjeta o medios electrónicos y se encuentra dentro de los límites legales del pago en metálico se puede y se debe solicitar una hoja oficial de reclamaciones. Se deben conservar fotografías de los carteles o avisos que indiquen “solo tarjeta” o “no se acepta efectivo” y acto seguido presentar una reclamación ante los servicios de consumo de su comunidad autónoma o ayuntamiento. En casos reiterados, denunciar la situación ante las autoridades de consumo competentes.
Nunca se debe olvidar que la negativa a aceptar efectivo dentro de los límites legales está tipificada como infracción en la normativa de defensa de consumidores y usuarios.
Mientras muchos comercios no están obligados a aceptar tarjetas, sí están obligados, con carácter general, a aceptar dinero en efectivo. Es esta una paradoja que muchos consumidores desconocen. El monedero electrónico impuesto puede esperar.
¡Viva el billete de curso legal!






