BC.- El empate de España ante Cabo Verde han una huella muy profunda en los aficionados. No por el resultado en sí, sino por todo lo que reveló, ya que lo verdaderamente inquietante no fue no ganar, sino comprobar que esta selección parece condenada a repetir los mismos errores que ya la llevaron a un callejón sin salida en el pasado.
Luis de la Fuente prometió una España más vertical, más agresiva y más eficaz. Sin embargo, lo que se vio ayer fue una versión preocupantemente familiar: posesión interminable, circulación horizontal, mucho toque de balón y una alarmante incapacidad para transformar el dominio territorial en ocasiones claras y goles. Exactamente el problema que acabó desgastando el proyecto de Luis Enrique.
España volvió a parecer un equipo enamorado del balón pero incapaz de hacer daño. Mucha elaboración y muy poca pegada. Una selección que controla los partidos sin dominarlos realmente. Esa fue la España de Luis Enrique y la está siendo ahora también de Luis de la Fuente.
Un desastre táctico sin respuestas
Lo más preocupante del encuentro fue la ausencia absoluta de respuestas desde el banquillo cando el partido exigía soluciones, ajustes o variantes.
España fue incapaz de alterar el guion cuando el plan inicial dejó de funcionar. No hubo cambios tácticos relevantes, ni modificaciones estructurales capaces de generar superioridades ni mecanismos para romper una defensa cada vez más cómoda. El equipo transmitió una sensación de improvisación permanente.
Los grandes seleccionadores destacan por detectar los problemas antes que nadie y corregirlos durante el partido. Contra Cabo Verde, Luis de la Fuente pareció limitarse a esperar que las cosas se arreglaran solas. Y no ocurrió.
La obsesión con Gavi
Otro de los aspectos más discutibles del proyecto es el empecinamiento con determinados futbolistas independientemente de su momento o de las necesidades concretas del equipo.
El caso de Gavi simboliza esa idea. Nadie discute su talento, intensidad o compromiso. Pero una selección nacional no puede construirse sobre dogmas. Cada partido exige perfiles distintos y cada rival plantea desafíos diferentes.
La sensación es que Luis de la Fuente ha convertido algunas decisiones en cuestiones de fe, y cuando un entrenador deja de analizar para empezar a creer, normalmente aparecen los problemas.
Jugar sin extremos
Resulta difícil entender algunas de las decisiones estructurales del seleccionador. Entre ellas, la insistencia en renunciar a extremos naturales durante largas fases de los encuentros.
El fútbol actual exige amplitud, profundidad y capacidad para desequilibrar en los duelos individuales. Sin extremos que estiren al rival, España vuelve una y otra vez a embotellarse por dentro, facilitando el trabajo defensivo del adversario. La consecuencia es evidente: posesiones largas, ataques previsibles y escasas ocasiones de gol. Es decir, España mueve la pelota, pero rara vez mueve al rival.
Una convocatoria que también genera dudas
Las dudas no terminan en la pizarra. También alcanzan a la confección de la plantilla.
La presencia de varios futbolistas de perfil físico limitado plantea interrogantes importantes de cara a una competición tan exigente como un Mundial. Se trata de una cuestión de equilibrio colectivo. Una selección necesita talento, pero también presencia física, contundencia en las áreas y capacidad para imponerse en los duelos.
La impresión es que el seleccionador ha priorizado ciertos perfiles técnicos sin compensar adecuadamente otras carencias que pueden resultar decisivas cuando lleguen los partidos verdaderamente importantes.
Lo más inquietante de todo es que no se aprecia una evolución. España no transmite la impresión de estar construyendo algo que pueda competir contra las grandes potencias del fútbol mundial.
El equipo parece atrapado entre una idea antigua y una ejecución insuficiente. Ni tiene la eficacia que justificaba el fútbol de posesión ni posee la verticalidad que prometía el actual seleccionador. El problema es que cuando un equipo no sabe exactamente qué quiere ser, normalmente acaba siendo irrelevante.
Una alarma que no puede ignorarse
El empate ante Cabo Verde debería servir como una señal de advertencia. No porque un resultado aislado determine el futuro de una selección, sino porque confirmó problemas que vienen repitiéndose demasiado tiempo.
España sigue teniendo jugadores para aspirar a todo. Lo que cada vez genera más dudas es si tiene al entrenador adecuado para aprovecharlos.
Al final, lo peor no fue el empate. Lo peor fue la sensación de que esta selección ha retrocedido varios pasos, que carece de recursos cuando los partidos se complican y que, con Luis de la Fuente al mando, las expectativas de llegar lejos parecen disminuir en lugar de crecer.
En el fútbol de élite, cuando la ilusión desaparece antes que los resultados, la preocupación está más que justificada.







