7 de julio de 2026 08:09


Editor: Armando Robles

Homosexismo

El empeño por presentar la homosexualidad como «normal» y motivo de orgullo es como el trabajo de Sísifo. Nunca concluye, pero siempre deja un turbio rastro social.

Cuando Dolores Delgado llamaba a Marlasca maricón y a no recuerdo quién «nenaza», exponía la hipocresía de todo el montaje homosexista. ¿Por qué no la expulsaron del partido más homosexista (y también más corrupto)? Ya ven.

Dicen que no existe la sexualidad normal. Claro que existe y es evidente. Otra cosa es que un homosexual sea culpable de algo porque le haya caído esa «china».

Aunque en el plano individual un homosexual no sea mejor ni peor moralmente o profesionalmente que otra persona, en el plano sociológico los ambientes homosexuales tienden a cierta degradación moral. La pandemia del Sida lo puso a la luz. Los numerosos homosexistas promotores de la pederastia, también.

Una cosa es la homosexualidad, asunto que debería ser privado y personal; y otra el homosexismo que hace de esa peculiaridad algo público, político e impositivo.

Un rasgo del homosexismo es su carga de agresividad y odio. Critiqué ese movimiento en tuíter y decenas de homosexistas me cubrieron de insultos y me desearon la muerte.

¿A qué responde, históricamente, el homosexismo? a lo mismo que el abortismo, el feminismo, la droga y similares. A un odio de fondo al género humano, propio de épocas que se repiten periódicamente.

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