8 de julio de 2026 12:09


Editor: Armando Robles

Mora contará con el segundo macrocentro de datos más grande de todo el continente
Mora contará con el segundo macrocentro de datos más grande de todo el continente

Dos modelos de municipio: Mora contará con un macrocentro de datos; en Casarrubios, la gran revolución es cambiar una acera

VR.- Hay comparaciones que resultan inevitables. Basta mirar lo que ocurre en dos municipios cercanos de la provincia de Toledo, gobernados por partidos distintos, para entender que las prioridades políticas pueden marcar el futuro de un pueblo durante décadas.

Mora se convertirá en el epicentro tecnológico del sur de Europa. El ayuntamiento de la localidad, en manos del PP, y las empresas promotoras estadounidenses Edge Mode y Bloom Energy acaban de firmar un acuerdo histórico para levantar un macrocentro de datos llamado DC Malpica AI.

La inversión, que marea a cualquiera, alcanza los 3.000 millones de euros, lo que lo posicionaría como el segundo centro de datos más grande de todo el continente.

El impacto en el ámbito laboral será una de las claves. Solo para la fase de construcción se calcula que serán necesarios hasta 5.500 trabajadores, entre empleos directos e indirectos. Una vez que el centro de datos esté operativo y las máquinas comiencen a procesar, se mantendrán unos 1.000 puestos de trabajo estables, lo que supondrá una enorme fuente de riqueza para la comarca.

Una inversión de enorme calado que promete atraer actividad económica, generar cientos de empleos directos e indirectos y situar al municipio en el mapa de la economía digital. Es el tipo de proyecto que cambia el rumbo de una localidad y abre oportunidades para que los jóvenes no tengan que marcharse a buscar trabajo fuera.

Mientras tanto, en Casarrubios del Monte, gobernado por el PSOE, el gran anuncio es… un cambio de acera en una calle.

No es una exageración, se trata simplemente el contraste entre dos formas de entender la gestión pública.

En un municipio se habla de atraer inversión privada, de crear riqueza y de construir un futuro con empleo. En el otro, la política parece limitarse a vender como grandes logros actuaciones de mantenimiento que cualquier ayuntamiento está obligado a realizar.

Arreglar una acera está bien. Nadie discute que las calles deben estar en condiciones. Lo sorprendente es convertir esa obligación cotidiana en el principal escaparate de la acción de gobierno mientras las oportunidades de inversión siguen pasando de largo. La diferencia no está en el color del pavimento, sino en la ambición del proyecto de municipio.

Mora mira hacia el futuro con inversiones capaces de transformar su economía. Casarrubios parece conformarse con administrar el presente, sin generar un entorno que resulte atractivo para quienes quieren crear empresas, invertir o generar empleo.

Los vecinos no viven de las fotografías inaugurando obras menores. Viven de tener oportunidades laborales, de que sus hijos puedan quedarse en el pueblo, de que el comercio tenga clientes y de que exista actividad económica suficiente para sostener unos buenos servicios públicos.

Tal vez esa sea la verdadera diferencia entre un modelo de gestión orientado a atraer inversiones y otro que, al menos desde la perspectiva de quien observa estos resultados, parece más preocupado por la política de proximidad y la conservación de su espacio electoral que por impulsar grandes proyectos transformadores.

Al final, los hechos hablan por sí solos. Mientras hay pueblos que celebran la llegada de inversiones millonarias y cientos de empleos, otros presentan como acontecimiento destacado el cambio de una acera.

A este paso, cualquier día cortarán una cinta para inaugurar un banco del parque y lo presentarán como el mayor impulso económico de la legislatura.

Lo que hace que un alcalde sea bueno o malo no es una cuestión de ideología. Se trata sobre todo de tener ambición y capacidad gestora.

Las empresas buscan seguridad jurídica, agilidad administrativa y gobiernos que faciliten la inversión, no fotografías inaugurando obras menores con aire de acontecimiento histórico. Así, mientras unos ponen a su municipio en el mapa de la economía digital, otros parecen conformarse con poner cemento donde antes había cemento.

Y luego algunos se preguntan por qué aquí no invierte nadie. Acaso porque atraer inversión exige visión, planificación y capacidad de gestión. Es mucho más complicado que hacerse una foto junto a una obra de mantenimiento y venderla como si fuera la construcción del Canal de Panamá.

Los vecinos necesitan empleo, los comercios necesitan clientes., los jóvenes necesitan oportunidades y el municipio necesita futuro, no demagogia partidista.

Al final, la fotografía es difícil de rebatir: en un lado hay un proyecto que puede transformar la economía local durante décadas; en el otro, una actuación de mantenimiento convertida en trofeo político.

Cada cual que decida qué modelo de municipio prefiere: el que atrae inversiones o el que convierte una obra rutinaria en la noticia del mes.

 

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