9 de julio de 2026 20:52


Editor: Armando Robles

¿Quién quiere la herencia de Sánchez?

A la vista del Comité Federal del pasado sábado, da la impresión de que nada se ha movido en el PSOE, a pesar de atravesar el peor momento de su historia en democracia. Sin embargo, han empezado a producirse movimientos paralelos en latitudes diferentes.

Desde las posiciones críticas con la dirección se ha tomado conciencia de que es el momento de coordinarse entre los territorios y sensibilidades. En el entorno más cercano a Pedro Sánchez, los que le conocen desde hace muchos años, saben que solo intenta arañar unos meses al frente del poder y empiezan a hacer sus cuentas.

Después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, y de que Sánchez haya encadenado su futuro político al del expresidente, una parte del entorno duro le da por amortizado y quieren participar en el baile de la sucesión.

Los que empezaron la carrera fueron Óscar Puente y Félix Bolaños, pero por razones distintas, están a punto de tirar la toalla. Puente, con la gestión al frente del ministerio, cargada de retrasos ferroviarios, carreteras con el estado de deterioro de los últimos años y el trágico accidente de Adamuz, ha entrado en horas bajas y sus tuit han dejado de hacer gracia a los hooligans.

Bolaños pasa la mitad del día revisando los sumarios judiciales para ver en cuáles y en qué contexto aparece su nombre. Es el precio de jugar a ser Sr. Lobo y es consciente de que seguir en segunda línea es lo conveniente, de momento. Los que realmente se ven con posibilidades son los que siempre han considerado merecían la secretaría general antes que Sánchez.

En el trío predilecto de Pepe Blanco, Óscar López era el «primus inter pares», ojo derecho del gallego y paracaidista en cualquier estructura de poder interno que se generase. El segundo en la línea de sucesión era Antonio Hernando, curtido bajo la sombra de Alfredo Pérez Rubalcaba, protegido de Blanco y con enorme capacidad de articular operaciones entre bambalinas. El último era Sánchez, que estaba para trabajos menores como coordinar ponencias y documentos para congresos u organizar conferencias políticas.

Si algo les sobraba a los tres era ambición y no hay que olvidar que López y Hernando en las elecciones primarias no apostaron por Sánchez. Le consideraban demasiado calculador, desleal e impredecible.

Ahora se ven. Pero lo que no saben es que cuando Sánchez caiga, también caerá su núcleo duro, por más que sean los primeros en dispararle cuando llegue el momento o sean los que le rematen.

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