La cuadrilla del Búcaro.- Reventa de tarde grande. Y llegó Morante con los de Álvaro Núñez bajo el brazo. La Feria del Toro cayó a los infiernos del culto al choto descastado, una infame burla para contentar al genio de La Puebla y a su corte celestial, comandada por su trovador oficial Zabala de la Serna, que seguro que en su página no habla de la moruchada vergonzosa soltada en la Monumental de Iruña.
Morante, esperado e idolatrado, lo ha intentado en su primero muy fallero, en un trasteo delicado y con gusto ante un muerto viviente. Buen saludo capotero al cuarto, y una faena con buenas intenciones pero escasos resultados.
Borja Jiménez ha recetado un trasteo completo y variado al segundo, con buenos pasajes al natural, pero mal remate a espadas. Faena trabajada con muchos muletazos y otro pésimo epílogo con los hierros. Tiene un problema grave. Sin espada no hay paraíso.
Dispuesto Pablo Aguado. Tiro pinceladas de obra chica y puntillero torpe en el tercero, y le puso tenaz empeño al sexto, que valía muy poco.
Decepcionante festejo, para mayor gloria morantista, con unos toretes que nunca pueden lidiarse en Pamplona aunque toree el último Dios Viviente.







