14 de junio de 2026 18:03


Editor: Armando Robles

Dos figuras en camisetas del Vaticano sosteniendo un trofeo de fútbol
La selección de fútbol del Vaticano busca mantener los valores del deporte.

El Vaticano quiere su Mundial: la historia de la selección del Papa que se opuso al negocio del fútbol

Rodrigo Simón Rey.- Comienza el Mundial, el que más equipos reúne en toda la Historia. De los en torno a 200 estados que hay en el mundo, 48 juegan esta fase final que decidirá qué país es el campeón del mundo. Una cuarta parte de los estados del mundo verán a su equipo en un Mundial. Para países como el nuestro, como España, acostumbrados a estar presentes, que llegue una cita mundialista, no deja de ser recibido con ilusión, pero está muy normalizado. La última vez que España no disputó un mundial fue en 1974, hace ya más de medio siglo. Desde entonces, hemos estado en todos, son ya 12 seguidos. No podemos imaginar lo que sienten países no tan acostumbrados como Escocia, que llevan 28 años sin verlo o como la República Democrática del Congo que tan solo participó en el de 1974. De hecho, hay 4 naciones que juegan por primera vez Jordania, Uzbekistán y los diminutos Curazao y Cabo Verde, donde los partidos de la selección van a paralizar el país por completo.

Que países como Curazao, con menos población que Leganés y con la superficie de la ciudad de Teruel, jueguen una Copa del Mundo, hace que muchos se pongan a imaginar hasta qué punto podríamos llegar. ¿Podría el estado más pequeño del mundo jugar un Mundial? Pues lo cierto es que el Vaticano, que apenas llega al kilómetro cuadrado de superficie, tiene selección de fútbol. Y eso que no hay ni un solo estadio dentro del diminuto estado.

‘GUARDIA SUIZA 2 – 2 MUSEOS VATICANOS’

De hecho, la Federación de Fútbol del Vaticano tiene ya 54 años de historia. Fue el doctor Sergio Valci el que se puso a la cabeza en 1972 de los incipientes equipos de fútbol que se iban gestando en los diferentes departamentos del Vaticano. El propio Valci era trabajador del Fondo de Asistencia Sanitaria de la Santa Sede, y fue el que fundó el campeonato de liga que aun hoy se disputa entre los diferentes departamentos pontificios. Una liga en la que se dan enfrentamientos tan curiosos como el Guardia Suiza contra el Servicio de Correos Vaticano o el «clásico» particular de la Santa Sede entre el Servicio Económico (8 títulos ligueros) y los Museos Vaticanos (4 trofeos).Nos detenemos en la competición liguera porque los mejores jugadores del campeonato son los que componen luego la selección vaticana. Jugadores que ya son legendarios, como el veterano delantero Antonino Gart, que militó en las filas del Inter Cardenal o del San Pablo. Gart disputó 5 partidos en la selección vaticana y marcó un gol, siendo, sin duda, una de las grandes estrellas de la selección del Papa.

Como se puede observar, la selección vaticana es muy particular, de hecho, ni siquiera juega sus partidos en su país. Ya se ha mencionado que no hay campo de fútbol en el recinto de la Ciudad del Vaticano, aunque eso no quiere decir que la selección no se sienta como en casa en el estadio que le acoge, que no lleva otro nombre que el de un Papa. Se trata del Campo Pío XI en Albano Laziale, un municipio cercano a Roma.

La selección vaticana, compuesta por jugadores amateur, nunca ha jugado un partido oficial, ni siquiera ha participado en un torneo internacional. Lo más cerca que estuvo de hacerlo, fue cuando le invitaron a la Copa Mundial VIVA de la FIFA, una competición amateur que organiza la máxima institución del fútbol, para selecciones de países no reconocidos, que no tienen independencia o que son tan pequeños que sus selecciones no están inscritas en ninguna asociación oficial. Finalmente, el Vaticano no pudo participar por falta de jugadores.

Tan solo hay otros 8 países independientes en el mundo, cuya selección no pertenece a la FIFA. Aunque el Vaticano ha coqueteado con la posibilidad de entrar en alguna ocasión. Corre el rumor de que el Papa Francisco le sugirió al presidente de la UEFA la posibilidad de incluir en la federación a la selección pontificia, aunque nunca ha sido una opción realmente seria. «Lo importante es que el deporte envíe un mensaje de amistad y de amor y no el negocio en el que se ha convertido el fútbol en estos días», declaró el Presidente de la Federación Vaticana de Fútbol, Domenico Ruggerio en una entrevista al New York Times. En esa misma entrevista, Ruggerio descartaba adscribirse a la FIFA, por una cuestión de coherencia: «Prefiero ser amateur, unirse a la FIFA, sería como un negocio».

El gran rival del Vaticano, como no podía ser de otra manera, es Mónaco. Otra selección de un pequeño estado confesional católico, que no está adscrita a la UEFA. Han jugado 5 partidos entre sí, 5 de los 9 totales que ha jugado la selección contra otros países o entidades nacionales. La suerte, la providencia o como quieran llamarlo, no han estado del lado vaticano, que no ha ganado ni uno de los 5 partidos (2 empates, 3 derrotas y solo un gol anotado). Siempre quedará para el recuerdo aquel primer partido que inició una rivalidad histórica en ele fútbol amateur. En 2011, Mónaco y Vaticano empataron a cero en un partido trepidante, dos rojas, dos penaltis fallados y una expulsión a un miembro del cuerpo técnico. Hasta los jugadores del Vaticano se dejaron llevar por el fervor y la tensión que a veces fomenta de la peor manera el deporte rey. La peor derrota, sin embargo, la sufrieron en Khan Younis, en Gaza, donde la selección palestina les endosó un doloroso 9-1.

No parece, entonces, que el Vaticano vaya a disputar un Mundial, al menos en el corto y el medio plazo. Pero, desde el fútbol amateur, seguirán intentando mantener los auténticos valores del deporte, evitando el negocio que emponzoña y emborrona lo que debe significar el fútbol: compañerismo, amistad y generosidad… excepto si el rival es Mónaco, claro.

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