No oculto que en ocasiones he sido duro y acaso injusto con la portavoz del Partido Popular en Casarrubios, Rocío Pérez Vicioso. Mis críticas han respondido a discrepancias sobre decisiones, planteamientos o formas de entender la política. Sin embargo, la perspectiva humana también invita a mirar más allá de las diferencias y a reconocer aquello que merece respeto dado que una persona no puede reducirse a un debate político ni a una posición institucional. Detrás de cualquier cargo existe una historia de esfuerzo, sacrificios y responsabilidades que muchas veces permanecen invisibles.
Quiero destacar especialmente su condición de madre y de trabajadora. Conciliar la vida familiar con las obligaciones profesionales y la exposición permanente que supone la política local requiere una fortaleza que merece ser valorada. Rocío asume ese equilibrio, conoce el peso de las responsabilidades y el esfuerzo diario por atender a todos sin descuidar a quienes más quiere.
Pero, por encima de cualquier consideración política, deseo poner en valor su calidad humana. La capacidad de escuchar, el respeto que siempre me ha dispensado y la cercanía con quienes la rodean son cualidades que no siempre encuentran espacio en el debate público, donde el enfrentamiento suele imponerse al reconocimiento.
También es imperio resaltar los principios cristianos y católicos que inspiran su manera de entender la vida. Valores como la lealtad, el sentido del deber, la honestidad, el compromiso con la familia y el servicio a los demás constituyen una referencia ética que merece consideración cuando se traducen en una conducta coherente.
Reconocer estas virtudes no significa renunciar a las propias convicciones ni abandonar la crítica cuando sea necesaria. La democracia se fortalece con el debate y con la pluralidad de ideas. Pero también se engrandece cuando somos capaces de admitir que, incluso entre quienes piensan diferente, existen personas íntegras y dignas de estima.
Por eso, este artículo quiere ser un gesto de justicia y de humanidad. Si en algún momento mis palabras fueron excesivamente severas, considero igualmente necesario expresar ahora mi reconocimiento hacia una mujer que ha demostrado esfuerzo, dedicación y unos valores personales que merecen respeto.
La política pasa; la condición humana permanece. Y cuando somos capaces de valorar a las personas por encima de las diferencias, todos salimos fortalecidos como sociedad.







